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Estatua de Gonzalo de Tapia en el atrio de la Parroquia San Luis Rey |
El pasado 10 de julio del 2006 se cumplieron 412 años de la muerte de Gonzalo de Tapia, fundador de la parroquia de San Luis Rey. Quien tambien fuera el primer misionero y martir jesuita en México, tuvo una muerte tragica en el estado de Sinaloa en 1594.
El padre Tapía fue parte fundamental para la firma de la paz definitiva entre chichimecas y españoles en 1591. El realizó el primer bautismo en San Luis de la Paz en noviembre de 1590 y el último en junio de 1591. En esta última fecha salió con rumbo a Guadiana, Durango. Ahí fundó otra misión y posteriormente pasó al norte de Sinaloa.
En esa región, la tribu suaque era la mas populosa y los indígenas mezclaban la superstición con la religión. Al amonestar a los recien convertidos sobre sus practicas religiosas irrespetuosas, Necabeba, su jefe de ritos, enfurecio y planeo en matarlo.
El domingo 10 de julio el padre Tapia celebro misa en Tovoropa como acostumbraba. Por la tarde, al estar de rodillas rezando el rosario en su choza, Necabeba y otros entraron y a macanazos lo sacaron, cortandole la cabeza con un hacha y el brazo izquierdo.
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Cuadro del Martirio de Gonzalo |
Desde ese dia se empezó a venerar tanto en America como en Europa. Por mas de cien años fue adorado en la Compañia de Jesús. En Guadalajara, se le levanto una estatua y se veneraron sus reliquias.
Para recordar a este célebre misionero, existe en la parroquia de San Luis Rey de nuestra ciudad un cuadro, muy descuidado por cierto, que relata su martirio. De misma manera, en el atrio parroquial hay una estatua de él. Finalmente, el colegio de las madres mínimas y una calle de la colonia La Banda llevan su nombre.
Los regidores de su ciudad natal, León, España, pidieron un recuerdo suyo. Se les enviaron los huesos de un dedo de la mano derecha y una costilla al colegio de San Millán.
Ocurrió una anécdota curiosa y un tanto milagrosa con los restos del padre Tapía. Cuando lo asesinaron le quebraron la cabeza con una hacha y por siglos en el museo del archivo histórico de la Compañía en la Ciudad de México, solo tenían una parte del cráneo. Pero a principios del siglo XX, el padre Piñan, misionero jesuita, al andar por Sinaloa se enteró que existía una relación que narraba donde habían enterrado a Gonzalo.
Descubrió el lugar preciso y encontró una parte de cráneo. Se comparó con la porción que estaba en el archivo y s¡embonó perfectamente! Ahora el museo tiene todo el cráneo. Un suceso que parece milagroso por la forma en que se suscitó y por los tantos años que habían pasado después de su muerte.
Se comenzo a dar paso a la canonización de Gonzalo de Tapia, pero el asunto quedo aplazado y la iglesia catolica no ha vuelto a instaurarlo.