  | La Casa de los Tesoros, una de las Edificaciones Jesuitas |
Las Aportaciones Jesuitas en San Luis de la Paz
AgradecimientoAl Padre Ignacio Rodríguez, Sub-Director del Archivo Histórico de la Compañía de Jesús en México, por la valiosa información proporcionada para realizar este estudio histórico.
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En 1589 fundaron en San Luis de la Paz su primera Misión en México; obra realizada por su primer misionero y mártir en nuestro país. Gracias a su perseverancia, preparación, habilidad de lenguas y amable trato, lograron realizar una tarea considerada casí imposible: evangelizar y pacíficar a los indómitos guerreros Chichimecas. Fue tanto el cariño que San Luis les tuvo, que al ser expulsados de la Nueva España en 1767, el pueblo se amotinó para protestar su salida. Estos carismáticos religiosos fueron los Jesuitas, miembros de la orden de la Compañía de Jesús.
La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1534 y aprobada por el papa Paulo III en 1540. Con su lema "Ad Majorem Dei Gloriam", la orden se dedica a la propagación de la fe y a la enseñanza de la juventud. Sus pertenecientes poseen una sólida formación académica y una férrea disciplina intelectual basada en los Ejercicios Espirituales, escritos por el fundador.
Los jesuitas llegaron a la Nueva España en 1572. Hasta 1588 se dedicaron principalmente a crear colegios. En 1589 inició su aventura misionera. Fueron elegidos por sus cualidades de hablar y aprender lenguas indígenas, tenacidad y abnegación, para catequizar a los nativos más belicosos del reino: La Nación Chichimeca.
Los Chichimecas eran grupos nómadas y semi-nómadas de guerreros que habitaban en el norte del país; los cuales habían sido incapaces de ser vencidos por el ejercito español. Eran tribus valientes, orgullosos de su dignidad y muy celosos de su territorio. Por más de 40 años fueron el máximo obstáculo para la conquista del norte de la Nueva España.
Representaban una barrera infranqueable para los intereses de los españoles en la ganadería, el comercio, la explotación de las minas y la evangelización. Causaban grandes estragos en las estancias de ganado mayor; era tanto el temor que provocaban, que varias estancias se despoblaron. Asaltaban los caminos y mataban a muchos españoles e indios pacíficos. Interrumpían el trabajo de las minas. Destruían los pueblos de paz y no permitían el paso de los misioneros.
Los indígenas actuaban así no por ser crueles y sanguinarios, sino por los malos tratos que les daban los españoles, especialmente los soldados. Los conquistadores por interés de amasar riquezas, los despojaban de sus tierras, los mataban y los esclavizaban, violaban a sus mujeres y les quitaban a sus hijos. Por defender lo que era suyo no se rendían, atacaban a horas inciertas y se escondían en los montes.
Como la guerra no iba a tener fín de seguir ese camino, el Virrey Don Luis de Velasco hijo decidió actuar de otra manera. Ya que los misioneros franciscanos no habían tenido éxito en pacíficarlos, determinó enviar a los jesuitas para que por la vía de la paz, les doctrinasen y prometiesen que no les harían daño en sus bienes y personas.
El lugar que se escogió para establecer la primera misión fue San Luis de la Paz debido a su gran importancia estratégica; fundamentalmente porque esta región era la frontera del extenso dominio chichimeca; también porque por aquí pasaba la Ruta de la Plata que iba de Zacatecas a México; igualmente porque se consideraba una zona de seguridad donde podían abastecerse los mineros, comerciar los ganaderos, descansar los viajeros y construirse un eslabón más de evangelización.
No estuvo exento de dificultades el establecimiento de San Luis de la Paz. El Provincial de la Nueva España no quería enviar personal a este sitio. Comprensiblemente, él decía no tener gente suficiente para hacerlo. Como casí acababan de llegar al país, los jesuitas no llegaban a 100. Con ellos apenas estaban empezando a organizar los colegios. Además no tenían experiencia misionera. Algunos padres habían hecho viajes para doctrinar pero siempre regresaban a los colegios. Ejemplo de ello fue el sacerdote Francisco Ramírez, que en 1588 estuvo unos meses por estas tierras. Pero en general, no tenían misiones propiamente organizadas.
La orden asimismo tenía escasos recursos porque era relativamente nueva. Por lo que no era conocida, no tenía prestigio, ni imagen; mucho menos en los países como Nueva España recién descubiertos. Sin embargo, el padre Abellaneda, como Visitador (delegado del Superior General de la Compañía que reside en Roma y que visita los distintos países), prometió al Virrey enviar operarios a San Luis de la Paz.
Así que en 1589 fue mandado el padre Gonzalo de Tapía, el primer misionero y mártir jesuita en México. Gonzalo de Tapía nació en León, España en 1561. Era de una familia rica. Al morir sus dos hermanos mayores prematuramente, luchando entre los soldados del rey Felipe II, quedó como único heredero. A los 10 años de edad ingresó al recién abierto colegio de la Compañía en León. Cuando tenía 12 años, pagó el rescate de 2 jesuitas secuestrados por los calvinistas en Francia. La suma entregada fue 3,000 ducados; probablemente equivaldría a 3 millones de pesos actuales. Esta acción refleja la manera de ser de Gonzalo.
En 1583, al terminar sus estudios, el Provincial de Castilla, le ofreció los mejores puestos de su supervisión. El Provincial era uno de los 2 sacerdotes que el había rescatado de Francia. Al rehusar el ofrecimiento, entonces lo asignaron a la Nueva España.
Llegó a México sin ser sacerdote en 1584. Se le comisionó ir al colegio de Pátzcuaro a estudiar lenguas indígenas; en mes y medio ya hacía un sermón en tarasco. Al final de su vida, llegó a saber 6 lenguas a la perfección. Se ordenó sacerdote en 1585, a los 24 años de edad.
Gonzalo era de baja estatura, barba poblada y corto de vista; pero era vivo de ingenio, de inagotables recursos prácticos, memoria fenomenal, atrevimiento de conquistador y abnegación a toda prueba. Era el hombre más indicado para la empresa con los Chichimecas.
A principios de 1589, se dirigió de Pátzcuaro a nuestra ciudad. Recorrió Puruándiro, Pénjamo, Irapuato, Guanajuato y San Felipe, entrando en amistad con los principales jefes Chichimecas. En menos de 17 días aprendió su peregrina lengua.
Al llegar a esta región comenzó a dar doctrina en la pequeña comunidad de San Luis de la Paz; sitio en el que ya estaban reunidos algunos nativos desde 1552, año de la fundación original del pueblo. El que a los 20 días ya se pudiera comunicar en su lengua, probablemente el vejaban, les cayó de maravilla a los Chichimecas. Ello y su trato amable y cariñoso ganó su corazón. A partir de entonces, mediados de 1589, inició pacíficamente la reducción de nuestra tierra. Fue sin duda una gran hazaña.  | Hornos Jesuitas en Pozos |
La reducción jesuita es un concepto diferente al tradicional de misión. En las misiones tradicionales, se construye una iglesia a la que asisten los convertidos, pero que después regresan a sus lugares de origen. En cambio en las reducciones de la Compañía, se funda una iglesia y en su contorno se construyen casas y se crea una organización económica y política.
Las viviendas se realizan para que los nuevos cristianos tengan un lugar donde puedan vivir dignamente. La organización económica es para que puedan mantenerse y conseguir su sustento. Ello se lleva a cabo a través de la enseñanza de distintos oficios como artesanías, agricultura, ganadería y minería. En cuanto a la parte civil y política, existe un juez, un fiscal y un jefe de manzana para poder llevar una vida pacífica.
Aparte de esto, hay escuelas donde se les enseña a los naturales a leer, escribir, español, aritmética y canto. En la iglesia se les da educación religiosa y la fe. A partir de la tercera generación, las reducciones jesuitas se distinguen por la valoración de la cultura de los nativos, porque "a lo mejor es también manifestación de Dios".
Este concepto diferente de evangelización está inspirada en el pensamiento de San Ignacio de Loyola de respeto e interés por los demás, sean o no cristianos. Según esta filosofía, no solo importa hablarles de Dios, bautizar y celebrar los sacramentos; importan de igual manera las necesidades diarias de las personas. Por lo que hay que organizarles un medio de vida, de acuerdo a su dignidad de seres humanos.
Durante su estancia en San Luis de la Paz, Gonzalo fue acompañado por el padre Nicólas de Arnaya, quien más tarde fue muy famoso en las misiones del norte y también provincial de la Nueva España. Ambos padres trabajaron con abundante fruto. Hicieron algunos viajes a otras partes como San Luis Potosí y Durango, pero siempre regresando a su misión.
El padre Tapía realizó el primer bautismo en noviembre de 1590 y el último en junio de 1591. En esta última fecha salió de San Luis de la Paz con rumbo a Guadiana, Durango. Ahí fundó otra misión y posteriormente pasó al norte de Sinaloa. En 1594, en Toboropa, murió a hachazos a manos de indígenas del área. Fue el primer mártir jesuita de la Nueva España.
Para recordar a este célebre misionero, existe en la parroquia de San Luis Rey de nuestra ciudad un cuadro que relata su martirio. De misma manera, en el atrio parroquial hay una estatua de él. Finalmente, el colegio mínimo y una calle de la colonia La Banda llevan su nombre.
Ocurrió una anécdota curiosa y un tanto milagrosa con los restos del padre Tapía. Cuando lo asesinaron le quebraron la cabeza con una hacha y por siglos en el museo del archivo histórico de la Compañía en la Ciudad de México, solo tenían una parte del cráneo. Pero a principios del siglo XX, el padre Piñan, misionero jesuita, al andar por Sinaloa se enteró que existía una relación que narraba donde habían enterrado a Gonzalo.
Descubrió el lugar preciso y encontró una parte de cráneo. Se comparó con la porción que estaba en el archivo y ¡embonó perfectamente! Ahora el museo tiene todo el cráneo. Un suceso que parece milagroso por la forma en que se suscitó y por los tantos años que habían pasado después de su muerte.
Pasaron 3 años desde que se fue Tapía y llegaron los jesuitas que finalmente se establecieron en San Luis de la Paz. El 10 de octubre de 1594, arribaron los padres Francisco Zarfate y Diego de Monzalve para fundar la residencia y el seminario. El superior seguía siendo el padre Arnaya que iba y venía de donde andaba.
Con el paso del tiempo llegaron y se fueron varios padres hasta que finalmente fueron expulsados de la Nueva España en 1767. Durante todo ese tiempo no cobraron por sus servicios ya que no lo necesitaban; se mantenían de las diversas empresas que realizaron en San Luis de la Paz. Los Chichimecas por su parte recibieron facilidades de tierras, vestido y alimentos por parte del virrey.
Antes de la llegada de los jesuitas, la tradición cuenta que los franciscanos se instalaron en lo que hoy es la colonia de La Purísima; ahí construyeron el templo de la Purísima Concepción y una precaria vivienda. La casa desapareció pero la capilla aunque un tanto olvidada se conserva.
Los jesuitas establecieron su primer hogar en la colonia de La Banda. Erigieron una casa y un pequeño templo en la esquina de Velazco y Padre Casas. Estas construcciones aún perduran pero son de propiedad privada.
 | Símbolo Jesuita en la Hacienda de San Isidro |
A mediados del siglo XVII, les donaron un terreno donde construyeron un templo, una casa y una huerta. El templo es la presente Parroquia de San Luis Rey. Es cuestionable que el inmueble que se encuentra en la esquina de Allende con Michelena haya sido su vivienda, ya que los religiosos acostumbraban construir su hogar junto a la iglesia y este edificio se encuentra a una cuadra. Tal vez, solo ahí eran oficinas administrativas como su nombre lo indica: La Procura o Casa de los Tesoros. Probablemente la casa estuvo donde ahora es La Hortaliza. Solo es una suposición, ya que desgraciadamente no existen documentos que lo comprueben. La huerta quedaba atrás de la parroquia y ahora pertenece a particulares. Muy de acuerdo a su idea de como debería ser una misión, los jesuitas realizaron varias actividades y empresas durante el periodo que vivieron en San Luis de la Paz. * Activamente fomentaron la ganadería y la agricultura. Fundaron y fueron dueños de las haciendas de Manzanares, Santa Ana y Lobos. En estas sembraban maíz, trigo y frijol y criaban ganado menor y mayor. Las haciendas todavía sobreviven. * En el Mineral de Pozos, enseñaron a los indígenas técnicas europeas de extracción y beneficio de metales. Tomaron a su cargo la mina de Santa Brigida y edificaron 3 colosales hornos cónicos; estos últimos aun existen. * Construyeron acueductos aprovechando los manantiales que quedaban entre la Alameda y la comunidad de la Ciénega; en la actualidad todavía se pueden admirar ruinas de ellos. * Fundaron una escuela en la actual esquina suroeste de Mina y Guerrero. El día de hoy es de propiedad privada y se encuentran ahí las oficinas del Partido Acción Nacional. * Tenían una casa de ejercicios espirituales en un terreno que abarcaba desde los arcos del Jardín Principal hasta la calle Allende. El frente es hoy ocupado por el banco Banorte y la parte trasera es una casa partícular. * Construyeron varias capillas para evangelizar a los pobladores. Algunas a través del tiempo fueron destruidas como por ejemplo: la capilla de la Santa Escuela, en la esquina de Guerrero con Bravo, donde en el presente se encuentra la Cruz Roja; la capilla del Señor de la Columna, en la calle Hidalgo, entre Josefa Ortiz y Bravo, antes de llegar a la Pila Nueva; la capilla de la Santísima Trinidad en donde se encuentra una gasolinera al final de la calle Hidalgo; la capilla de La Veronica, en la calle Veronica casi esquina con Aldama; la capilla del Señor del Huerto casi al final de la calle Velasco; la capilla de La Soledad donde ahora se ubica la Parroquia de La Virgencita. Muchas más desaparecieron sin conocerse su ubicación exacta. * Ciertas capillas de ese tiempo permanecen en su tamaño y forma original como la de San Luisito, Loretito y La Purisima. A pesar de ello se encuentran un tanto olvidadas. * Algunas capillas se convirtieron más tarde en templos. Ejemplo de ello es el Santuario de Guadalupe, Señor Ecce Hommo, San Francisco y la parroquia de La Virgencita. Todos ellos son parte importante del culto religioso de nuestra ciudad. Quizás los jesuitas construyeron muchas capillas, porque como en el poblado vivían tribus de distintas etnías y lenguas, que ellos invitaban a establecerse en la misión, no deseaban que se pelearan entre sí. Probablemente cada tribu tenía su propia colonia y capilla. Aunque a través del tiempo lo más indicado es que se fueron mezclando todos y ya no hubo diferencias entre ellos. En el año de 1767, después de residir 195 años en México y 178 años de tener su Misión en San Luis de la Paz, los Jesuitas fueron expulsados de la Nueva España. El motivo fue el temor y envidia que causaba a todos los gobiernos católicos de Europa por su inmenso poder. Poder que se basaba en sus inmensas riquezas, conocimientos y perfecta organización. Carlos III, rey de España, los expulsó de todos los dominios españoles incluido México. Así es que el 26 de julio de ese año salieron de San Luis de la Paz. Los padres expulsados fueron: Manuel Arce, Marcos González, Antonio Agreda, Francisco Miranda, Vicente Sandoval, Nicolás Oceguera y Antonio Calvillo. Partieron a escondidas por la madrugada en un carruaje de viaje, con las cortinas cerradas y bajo una fuerte escolta militar. Huyeron de ese modo porque sabían que los pobladores los querían mucho y temían que causarán un alboroto. El objetivo no se cumplió porque la gente, en especial la más humilde como los indígenas, al enterarse se amotinaron para protestar su expulsión. Quemaron el edificio del ayuntamiento, amenazaron a los funcionarios del gobierno e hicieron otros destrozos. Como represalia a muchos de ellos los desterraron y a otros los colgaron y los fusilaron. Los fusilamientos se llevaron a cabo en un jaguey (zanja llena de agua) que estaba en la esquina de Hidalgo y Bravo a un costado de la capilla del Señor de la Columna. Nadie volvió a tomar agua de ese deposito y el lugar fue objeto de leyendas de aparecidos. A principios del siglo XX, el gobierno lo convirtió en el Jardín Hidalgo, mejor conocido como La Pila Nueva. La Misión de San Luis de la Paz, de la cual salieron y pasaron varios miembros de la Compañía que fueron a Durango, Sinaloa, Sonora, Baja California, Chihuahua y Nuevo León; la cual fue muy importante, puesto que aquí se establecieron primero los jesuitas que en otras ciudades como León, Guanajuato y San Luis Potosí; y en la cual se pacífico a los más aguerridos indígenas de México llegó a su fín. Sin embargo, desde septiembre del 2000 nuestra ciudad cuenta con la presencia de la Universidad Iberoamericana Campus León (plantel jesuita). Esta a través del Centro de Servicios para la Comunidad (Cescom) tiene como misión colaborar en la promoción integral de la zona norte del Estado, en especial con los sectores más empobrecidos. Hoy, los ludovicenses recordamos con gran afecto las grandes aportaciones de los Jesuitas en San Luis de la Paz.
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