El Día de Muertos, Una Tradición Viva

Por in Notivicense | Etiquetado como: No hay etiquetas en este artículo
Junto a las tumbas, personas oraban en familia por el ser querido.  Junto a las tumbas, personas oraban en familia por el ser querido.

San Luis de la Paz, Gto. Martes 2 de noviembre de 2010.  La tradición del Día de Muertos se mantiene viva en San Luis de la Paz.  Hoy, recordamos a los nuestros que nos han dejado, pero siempre están. Visitamos su tumba, les llevamos flores, y les cantamos nuestro amor eterno.  Porque para el mexicano, hasta la muerte es justificación para hacer fiesta.

Antes de medio día, nos dirigimos a la Parroquia de San Luis Rey a visitar la cripta de los seres que tanto quisimos.  No había mucha gente a esa hora.  En sí, solo una pareja.  Pero ya habían varias bóvedas adornadas con flores.  En ese rincón de silencio, evocamos lo que en vida nos enseñaron y dieron. 

Al salir, en una pared del templo, estaba instalado un altar de muertos consagrado a varios santos.  Había uno más enfrente del antiguo colegio San Luis Rey, hoy Centro Timoteo Ríos, dedicado al fundador del PAN, Manuel Gómez Morín.  Un tercero estaba en el kiosco del Jardín. Fue colocado por los familiares de los braceros fallecidos, que no recibieron el ahorro retenido por el gobierno federal hace décadas; lo que es conocido como el Braceroproa.

En camino al panteón, hicimos una breve parada en los dos mercados, Juárez e Hidalgo.  En ambos, las flores eran muy requeridas.  Desde el mercado nuevo, ya se veía el desfilar de gente rumbo al cementerio por la calle Guerrero.  En la esquina con Josefa Ortiz, el paso ya estaba bloqueado a los automóviles.

A las afueras del camposanto, habían puestos de flores, comida, ropa, zapatos y demás.  Era un verdadero tianguis.   En la puerta, la gente entraba y salía simulando un enjambre.  Desde ahí, ya se escuchaba los gritos de niños y jóvenes ofreciendo sus servicios: “¿Le llevo agua?”, “¿Le pinto las letras?”, “¿Le limpio la fosa?”

Adentro, junto a las tumbas, personas oraban en familia por el ser querido.  Unas más acompañadas de mariachi, dueto o trío cantaban “Amor eterno” a las madres o “Mi querido viejo” a los padres.  Mientras tanto otras lavaban los monumentos, y les ponían las flores que habían comprado previamente.  En la parte nueva del panteón, se celebraba una misa.

A la salida, nos detuvimos a visitar el sepulcro de un gran amigo y compadre.  Y antes de dirigirnos a nuestro  hogar, hicimos 3 descansos más: uno en la Panadería La Paz para comprar pan de muerto, otra en la Plazuela para adquirir una calavera de azúcar y una última en la casa de unos vecinos para admirar el altar que laboraron en su patio. 

El Día de Muertos vive, como viven los que se fueron en nuestros pensamientos y corazones.  Por eso siempre están.

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