El Orgullo de Ser Guadalupano en la Quinta Peregrinación

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Con la misma jactancia manifestamos cada noche por medio de las peregrinaciones: también soy Con la misma jactancia manifestamos cada noche por medio de las peregrinaciones: también soy

San Luis de la Paz, Gto.  Domingo 5 de diciembre de 2010.  Para los que nacimos en este bendito suelo, o que por el destino vimos la primera luz en otro lugar, pero que ahora consideramos a esta  como nuestra tierra, es un orgullo expresar si nos preguntan nuestro lugar de origen: soy de San Luis de la Paz, ludovicense de gentilicio.  Con la misma jactancia manifestamos cada noche por medio de las peregrinaciones: también soy guadalupano.

Antes de salir al encuentro de la peregrinación, nos dijeron en casa “Van a necesitar una buena chamarra, una bufanda, y hasta ponerse dos pantalones para el frio”.  En camino al Jardín, por la calle Hidalgo, pensamos “Más bien necesitamos dos pasamontañas porque este aire helado cachetea”.  Solo los que aquí vivimos entendemos el viento congelador que cala hasta los huesos en invierno.  Ha sido el día con más baja temperatura en lo que va del docenario.
                   
Al ver pasar a la familia Rodríguez Contreras en su recorrido al templo de la Morenita, y prestar atención al vehículo que llevaban con un anuncio luminoso rindiendo honor a Feliciano y Chayito Rodríguez Reyes, sus parientes y unos de los creadores de esta tradición, hizo que nuestros pensamientos regresaran al pasado.  Nosotros que tuvimos el placer de conocerlos y tratarlos en nuestra infancia, por vínculos con la familia, nos hizo recordar el amor y fe que le tenían a la Madre de México.
 
Don Feliciano fue un eterno peregrino.  Solía ir en procesión a los templos marianos fuera de San Luis de la Paz.  Falleció haciendo lo que más le gustaba, en su camino a pie a rendirle culto a la Virgen de San Juan de los Lagos, un 20 de enero por el rancho de Covadonga.  La herencia que nos dejó, junto con su hermano Cesáreo, a todos los ludovicenses fue el de cada diciembre, caminar las calles como él lo hacía hacia el Santuario, sintiéndonos orgullosos de ser guadalupanos.  

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